La primera planta está dedicada a Gaudí, el edificio del Palacio y otros autores que han contribuido a su construcción

Salón del Trono

SALA 1. EL PALACIO ANTES DEL PALACIO

En 1120 la Reina Urraca dona un solar a petición del Obispo Pelayo, donde antes se ubicaba un templo pagano. Todo apunta a que dicho solar es el mismo en el que nos encontramos y donde se construye el primitivo Palacio. Las referencias medievales son escasas y no permiten definir con claridad cuál sería su aspecto. Un edificio que fue sobreviviendo al paso del tiempo con múltiples reformas hasta que en 1886 lo destruye un voraz incendio.

El comedor de gala

SALA 2. LOS OTROS ARTISTAS

Es importante reivindicar la presencia de otros artistas que dieron terminación a la obra del Palacio y que supusieron para Astorga un foco de actividad artística verdaderamente importante.

Ricardo García Guereta culminó las obras del Palacio en 1913.
Juan Moya llevó a cabo el diseño de muchos de los remates del conjunto.
En cuanto a la decoración interior del edificio llegaron artistas como el escultor Enrique Marín Higuero o el pintor Fernando de Villodas, con trabajos de modelos elegantes de resabios historicistas.

Daniel Zuloaga encargado de la cerámica neorrenacentista de la capilla y las hermosas vidrieras hechas por la fábrica de los Maumejean.
Y junto a estos trabajos otros de cariz más artesanal como la cerámica de Jiménez de Jamúz.

Y los grandes ángeles de cinc con símbolos episcopales que proyectó Gaudí, realizados por la Real Compañía de Minas Asturiana.

Despacho

SALA 3. EL MUSEO DESDE SUS ORÍGENES

El Palacio nunca se utilizó como vivienda y sus intenciones museísticas tenían sus orígenes mucho tiempo atrás e incluso coincidiendo con el promotor del edificio. Posteriormente se instaló en el sótano el Museo Epigráfico y finalmente durante el episcopado de Don Marcelo González Martín se hacía realidad el Museo de los Caminos que abrió sus puertas al público en 1964.

Capilla

En el corazón del Palacio se encuentra uno de sus espacios más singulares y, quizá, más silenciosos: la capilla. Concebida por Gaudí como un lugar de recogimiento, este pequeño oratorio condensa, en escala íntima, muchas de las ideas que recorren todo el edificio.

La luz, siempre medida, se filtra con suavidad y modela la piedra, generando una atmósfera serena en la que arquitectura y espiritualidad se entrelazan. La capilla fue consagrada en 1913, en un acto que marcó uno de los únicos momentos de uso litúrgico del Palacio.

Más allá de su tamaño, este espacio resume una manera de entender la arquitectura como experiencia: no solo como construcción, sino como lugar para la contemplación.